¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!
Cita
¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!
La historia de esta cita
El verso cierra cada una de las tres partes de la rima LXXIII, la más larga de Bécquer, que empieza: «Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos». El poema sigue el itinerario de una muerta: el rostro cubierto con un lienzo blanco, la alcoba que todos abandonan, mientras el pueblo despierta «con sus mil ruidos». Ante ese contraste «de vida y misterios, de luz y tinieblas», el poeta medita y pronuncia la exclamación. Luego vienen la capilla con sus velas amarillas y sus paños negros, la vieja que acaba sus rezos, el recinto desierto, y por último el nicho que abre la piqueta.
El poema termina con preguntas sin respuesta: ¿vuelve el polvo al polvo?, ¿vuela el alma al cielo?, ¿todo es materia y cieno? El poeta no sabe, pero hay algo que le causa a la vez repugnancia y duelo al dejar tan solos a los muertos.
Las Rimas aparecieron en 1871, tras la muerte de Bécquer. Este verso se ha convertido en una frase hecha que se repite ante la soledad de los cementerios.
La fuente
Rimas, rima LXXIII (estribillo), 1871
Texto comprobado palabra por palabra en la propia obra.
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Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar.
Autor
Gustavo Adolfo Bécquer
Gustavo Adolfo Bécquer es el poeta más leído del romanticismo español. Sus Rimas, publicadas tras su muerte en 1871, y sus Leyendas en prosa han marcado la poesía en lengua española.
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